Extracto de ‘Cazador’
Como os dijmos anteriormente, os vamos a hacer un regalo de parte de Juan Ernesto Artuñedo. Se trata de un trozo de “Cazador” el último libro del que puedes leer mas abajo. Este fragmento también lo estará regalando estos dias del “orgullo gay” en Madrid, segun nos comentó el propio autor. Disfrutalo. No olvides escribir un comentario.
CAZADOR
Relato perteneciente a la novela del mismo nombre.
Soy un cazador. Cazador de osos. De hombres gordos con pelo en el cuerpo, cuanto más mejor.
Vivo en la ciudad. La ciudad es mi bosque particular donde cazar y llevar la presa a un urinario público, a una esquina oscura, a cualquier lugar donde poder amar.
Desde un tiempo hasta ahora, esta afición o simple afán por conquistar se ha convertido en una necesidad casi diaria. Una práctica que llevo con naturalidad. Y los hombres que vienen conmigo lo sienten igual. Y después de amar cada uno por su lado y si te he visto no me acuerdo. Me acuerdo después. Visualizo las caras, los gestos, la mirada animal. Todo se reduce a sexo. Nada más que a eso. A dejar que nuestros cuerpos se quieran y corrernos. Luego ya está.
Baños públicos, aseos, meaderos, cualquier sitio es bueno. Al otro lado del urinario un hombre gordo con pelo. Doscientos kilos de peso. Sexo rápido y hasta luego. A veces ni eso, ni un beso. Otras sólo agradecimiento por lo hecho. Y lo hecho, hecho está.
Cuánto oso. Y luego dicen que nos limitamos. Con la gran variedad de gordos que hay. Gordos altos, bajos, melena, calvos. Gordos feos, guapos. Gordos con pelo en el pecho, en la espalda, en la cara, en las manos. En las piernas cuando van con sus piratas apretados y se alejan y te quedas mirando sus gemelos. Gordos sin pelo, suaves al tacto. Gordos con tetas, gordos barriga. Gordos barbudos, bigote, perilla. Gordos sinceros, gordos veneno. Gordos sanos, enfermos. Gordos jóvenes y viejos; gordos treintañeros. Pequeños gordos, gordos corpulentos. Gordos ciudad, gordos pueblo. Gordos fuera del armario, gordos dentro. Gordos padres, hijos, nietos. Gordos tíos, cuñados, abuelos. Gordos activos, pasivos, versátiles. Gordos pijos, heavys, leather. Gordos creídos, gordos que si leyeran mis pensamientos saldrían corriendo. Gordos reinas, gordos plebeyos. Gordos solteros, casados. Gordos redondos, triángulos, cuadrados. Gordos homosexuales, bisexuales, transexuales, heterosexuales. Bipolares. Radicales. Gordos camareros, humanistas, granjeros, narcisistas, banqueros, artistas, carniceros, motoristas, bomberos, pacifistas, libreros, dentistas. Y gordos una mezcla de todos ellos.
Yo soy un cazador de verdad, con denominación de origen, patentado de fábrica. De pequeño me entretenía con los osazos de peluche que me tocaban en la feria. Todos encima de mi cama. No sabía por cuál empezar; el de la barriga peluda, el de las orejas redondas. Terminaban a cuatro patas, sometidos a mis ingenuas prácticas amatorias. A la hora de dormir los tapaba con las sábanas para que no cogieran frío y no se constiparan. Para volar conmigo en sueños, y mirar desde lo alto la ciudad. Yo y mi síndrome Peter Pan.
Mi cuerpo creció y con él mi sexualidad. Me repasé a todos y cada uno de los amigos gordos de papá. Los demás daban igual. Uno tras otro. Como había soñado. Como había deseado desde niño. Era cuestión de espera. Aunque ellos también tuvieron paciencia. Me veían crecer entre indecisas miradas. Entre un querer y no poder por no saber y no ser. Al final tuvieron su recompensa.
Si es morboso para un padre de familia gordo amanerado, que un joven se le insinúe en el bar de Paco a altas horas de la noche viendo una película porno, ni te imaginas la impresión que da a un muchacho de dieciocho años el desnudo de un gordo señor de cincuenta y tantos con el cuerpo cubierto de pelo blanco y el glande asomando en la entrepierna.
Y es que mi despertar sexual fue rural; entre gallinas, patos, conejos, gatos. Perros, cerdos, caballos. De todos ellos me quedaba con los cerdos. Con sus cuerpos. En sus caras visualizaba a los amigos de papá. Al cerdo con más pelo le ponía la cara de Toni, el barbas. Al cerdo con más barriga la del Santos, que era capaz de comerse una pata de jamón de una sentada. Y por último, la cerda era el amigo gordito amanerado que me llevó al pajar para enseñarme algo que todavía estoy por ver pero que me hizo temblar de placer con su primera estocada.
Me hice mayor en la ciudad. Entre motos y coches. Hierro, cemento y asfalto. De todo esto me quedaba con los urinarios. Mi primera experiencia sexual en la ciudad tuvo lugar en un baño público. Los hombres gordos rondaban por detrás de las paredes, los otros también. Luego se acercaban a mear. Bajaban sus braguetas y a mirar. Yo los esperaba con la picha fuera. Y se acercó uno. Doscientos kilos de circunferencia. Una bestia animal. Con pelos hasta en las orejas. Bastó con una señal para que nos fuéramos de aquel lugar. Era como follarse a una ballena, a mi cerda con cara de Vanessa –es así como llamaban despectivamente al amigo gordo de papá que pilló la guardia civil con los pantalones bajados junto a Vanessa, la yegua del alcalde–.
Follando con esta bestia de la naturaleza apareció él. Lo recuerdo bien. La luz de la farola proyectaba una silueta redonda. Me acerqué. Fumaba tabaco rubio. Fumé con él. Hablamos toda la noche. Los dos de pie apoyados en un árbol. Le di mi confianza. Me dio el calor de su cuerpo a cambio de nada.
Soy un cazador que sufrió de amor no correspondido. De un amor inmortal. Suerte que perdió cien kilos y esto me ayudó a olvidar.
Soy un cazador solitario. Aunque no lo parezca. Aunque me esfuerce en disimular lo contrario. El dolor lo llevo conmigo. También la soledad de ir de aquí para allá sin rumbo fijo. Bienvenido si te cruzas en mi camino, pero adonde voy no puedes ir conmigo. Es por eso que pierdo a mis mejores amigos.
Soy un cazador experimentado. Tengo la espalda marcada con todo lo que he pasado. A estas alturas no voy a mirar atrás, no me puedo engañar. El dolor se alimenta de recuerdo. Y yo sigo adelante con lo puesto.
Soy un cazador profesional. No suelo fallar. Mi presa se mueve despacio en la ciudad. El encuentro es fugaz: parada de metro, caja del Mercadona, parking del centro. Un segundo sin más: comprando ropa, tendiendo ropa, tirando la ropa en el contenedor de ropa. La excusa es vital: paseo al perro, llevo al perro al veterinario, entierro al perro. Todo por cazar.
Llegado el momento ataco sin más. Directo a la yugular. El preciso lugar donde duele más. Por su debilidad me escurro como una hiena. Cuello, barriga, pecho, piernas. Encuentro lo que busco en el estremecimiento de mi presa. Y mi cuerpo se convierte en lo que desea. Transformado en beso, caricia, mordisco, lo que quiera. Localizando el punto que despierta su fiera. Así le quiero, animal. Así quiero que me quiera. Sólo con su cuerpo, no me importa cómo sea, es su problema, obstáculo a salvar mientras pueda.
Siempre llevo en la cartera o el bolsillo, pañuelos de papel, lubricante y preservativos. No juego con el aseo personal, ni mucho menos con el destino. Hay que ir preparado para lo que pueda surgir.
No me importa dar o recibir. Sólo quiero, si me da, que le guste más. Quiero sólo que disfrute, sin deber, sin cosas del querer. Se correrá, me correré. Se irá, me iré. No nos volveremos a ver.
Siempre tengo en cuenta los siguientes parámetros:
1 Ligar es una decisión personal.
2 Ligar no es una práctica unilateral.
3 Ligar es entablar una relación de necesidad.
4 Ligar es un mercado interpersonal: cuánto recibir, cuánto dar.
5 Ligar es conocerse en un portal.
6 Ligar es amar.
Me encanta hablar de música, de gordos, de fotos de gordos, de chats de gordos, de videos de gordos, de tipos de piel de gordos, de olores de gordos, de sexo con gordos, de calzarse a un gordo, de la belleza de un gordo, del humor de un gordo, de si tendrá que ver o no ser gordo con la personalidad, de que se operan y pierden kilos y para ellos son los mismos pero para nosotros ya no son igual, de nuestra enfermedad, de llevarla con dignidad, de que la mejor prenda de vestir para un gordo son los polos porque se les marcan bien las tetas, y con camisa no están mal cuando hace calor y la llevan abierta, de los gordos con bermudas, de los calzoncillos de gordos, del cuidado a los gordos, de la dedicación a un gordo, del respeto a un gordo, de la marginación a un gordo, de lo que quiero a los gordos, de lo que dependo de los gordos, de lo solo que me siento cuando no hay gordos, de las asociaciones de gordos, de las quedadas de osos, del sexo entre gordos, de los gordos heterosexuales, de vivir con un gordo, de lo cara que va la vivienda, del euribor, del interés de los gordos, del interés de nosotros, de la ropa en las tiendas, de las tallas de gordos, de las reclamaciones que tengo puestas en Zara y Berska, de la anorexia, de la comida de gordos, de la polla de un gordo, del pelo en las tetas, del sentimiento y la cerveza.
En el sexo no hay sentimiento. Tampoco ha de ser algo serio. El humor sirve para relativizar un polvo, para reírse de uno cuando no ha conseguido su propósito.
Soy un cazador universal. No me limito a lo local. No discrimino a desconocidos ni a extranjeros. Actúo siguiendo el instinto del sexo verdadero. En cualquier sitio, en cualquier momento.
Soy un cazador enamorado de las formas gordas, redondas, con pelo. Sin teoría propia. Seguidor de lo estético y lo bello del cuerpo obeso. Defensor de michelines, barrigas, sobrepeso. La belleza en los kilos de más en la cara, manos, piernas, en todo el cuerpo. Observador de la naturaleza del pelo que crece, del que cae, del que está por nacer. Admirador de la conjunción entre peso y pelo, de las combinaciones posibles entre un cuerpo gordo sin pelo y un cuerpo gordo cubierto de pelo. Consciente de mi relación dependiente. Encantado y aterrado por el sentimiento de lo bello y de lo sublime hacia lo gordo. Capaz de discernir entre lo bello, erótico y sexual de un cuerpo redondo, sin necesidad que intervenga conocimiento, pensamiento, personalidad, ni ego.
Más allá de toda conciencia moral, allá donde residen las ideas está mi paralelo. Donde se dirige mi ser entero. Hacia un estado puro-ascético. A través de lo gordo encuentro mi universal con el centro. Me identifico con lo bello. Encuentro el éxtasis por un momento.
Luego me dejo llevar por el pensamiento y lo siento bello, sublime, estético.
Más tarde me dejo llevar por el cuerpo y sólo hay sexo.
Vivir, amar, follar, sólo es cuerpo que intenta llegar a lo verdadero a través del cuerpo. Lo bello está detrás.
Soy un cazador trascendental. Justamente lo que quiero está detrás de mi deseo. Y es el cuerpo quien me impide llegar a lo que quiero. A veces no puedo verlo, a veces no quiero serlo. Vivo sin vivir en mí y muero porque deseo. En el medio está lo verdadero. Instante de luz y color de lo eterno.
Soy un cazador ético-moral; si es preciso perder pierdo, todo por un mundo más honesto. Pero un poco vengativo; si las cosas no son como quiero pongo remedio, me pongo por medio. Luego desaparezco, prefiero llevarlo conmigo dentro.
Soy un cazador pasional. No dejes que mi deseo arruine nuestra amistad.
Soy un cazador sin ansiedad. Lo que está por llegar llegará. No me preocupa mi edad ni la de los demás. Todo es cuestión de aprovechar el momento. Cada cuál tiene derecho a disfrutar de su circunstancia. Unos con más, otros con menos, todos follamos aunque no hagamos nada.
Pongo un ejemplo: si eres viejo follas por las canas, si eres joven follas por la cara, si eres gordo follas por la grasa, y si eres flaco follas porque si follan todos por qué no vas a follar tú. Quien no folla es porque no quiere o porque no se la casca suficiente.
Siempre es buen momento para follar. Siempre hay alguien dispuesto a hacerlo. Siempre hay necesidad de eyacular para expresar lo que llevas dentro.
Soy un cazador de cuerpos. De amor corporal. De amor obeso.
Cazador de osos. De hombres gordos con pelo en el cuerpo, cuanto más mejor.
Cazador. Así me siento.
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??? Despues de haber leido esto han dejado de gustarme los osos y los chicos gorditos y voy a adoptar el celibato para siempre.¿Pero que mierda es esto? Y eso de que ligar es amar es mas falso que un billete de 30 euros. Amar es mucho mas que eso. Quien no lo ha concido no puede saber que es.
E.B. - Septiembre 11, 2007 at 2:21 pm
Me ha gustado. No quiere eso decir que me identifique con el personaje ni que lo juzgue, pero en este relato hay muchos pensamientos y sensaciones que nunca habia puesto en palabras, y me alegro de que otros sean capaces de ponerlas por mi. Gracias.
josema - Septiembre 16, 2007 at 11:25 pm